Un libro de un nobel.

Escrito el Thursday, 22 September 2011

            Yo debía ser un adolescente cuando mi hermano me recomendó aquel libro.  Se trataba de una edición de bolsillo de Plaza & Janés. Si pienso en la pésima encuadernación de aquellos tomos se me ocurre que sus hojas parecían encerrar un espíritu libertario que las impulsara a desprenderse y alejarse… aunque es posible que los pegamentos de la época no fuesen los adecuados para ejercer esa función aglutinante… no sigo ahondando en la idea porque me conduce a conclusiones un tanto paranoicas. Hace un lustro Alfaguara volvió a reeditar el título y aproveché la excusa de hacerme con un nuevo volumen que reemplazase mi desvencijado ejemplar, para volver a releer «La trilogía del vagabundo» de Knut Hamsun.

            El argumento no puede ser más sencillo: se nos narra el ir y venir de un hombre por los campos noruegos realizando los más variopintos trabajos de temporero. Todo es simple y diáfano, tanto las alegrías como las penas. No hay estridencias, –acertadamente uno de los títulos que componen la trilogía se titula «Un vagabundo toca con sordina»- no hay esos golpes de efecto a los que tan proclive es la figura del extraño, todo lo más una natural desconfianza. No hay rupturas tremendistas. El curso de la vida de los personajes de Hamsun es un río calmo, pero eso no quiere decir que se traten de existencias planas: lo único que ocurre es que la corriente va debajo de la superficie y sigue su curso sin grandes turbulencias.

            Recuerdo que la primera vez el libro me hizo comprender que las piernas de un hombre era capaces de dar mucho más de sí de lo que yo creía. A partir de entonces mis paseos se alargaron y, en los lugares que desconocía, llegué a pasar días caminando explorando los alrededores para, al final de cada jornada, acabar tumbándome en la cama con una mezcla de cansancio y satisfacción que me sumía en un sueño reparador. Lamentablemente la edad ha ido atemperando tan atávica costumbre, aunque en compensación creo que mis caminatas son ahora más enriquecedoras que antaño.

No obstante la relectura puso un punto de melancolía que no creo haber sentido la primera vez. Mucho me temo que el tiempo es el que nos destierra de los paraísos, y aunque no conozco Noruega, tengo la sensación desazonadora que un personaje como el vagabundo de Hamsun no podría existir hoy en día: es una forma de existir que sólo podría tener cabida en un mundo mucho más primitivo, por cuanto de inocente y confiado encierra este término.

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