Un libro que me procuró un placer culposo.

Escrito el Friday, 9 September 2011

            Entre mis rasgos epicúreos figura el de considerar que una buena comida puede reconciliarlo a uno con el mundo. Pero  servidor, que a falta de pan, gusta de imaginar que comparte mesa con ciertos autores, se pregunta si esto sería verdad con Pilar Pedraza. Puedo verme sentado en uno de esos mullidos sillones de piel de vaca roja, contemplando su figura de reojo al trasluz de una de esas generosas copas de coñac que sirven en los casinos militares, esperando su ataque; porque nuestra sobremesa sería una esgrima verbal, ella atacando y yo, que soy bastante malo en la dialéctica, esquivando sus estocadas. Pero por otra parte no creo, a pesar de la metáfora empleada, que nuestra confrontación estuviera exenta de humor ni de guiños.

El libro «Máquinas de amar» es un ensayo en torno a la figura femenina dotada de espíritu gracias al hombre o, lo que es lo mismo, una revisión del mito de Pigmalión y Galatea, centrándose sobre todo en la técnica y del arte modernos. Nada más manifiesto de su contenido que el índice de la obra. El primer apartado titulado «Máquinas de amar, máquinas de imaginar» comienza con la siguiente afirmación reveladora: «Hay una fantasía flotando, tenaz, en nuestra cultura desde hace siglos: la de que el hombre creó a la mujer. Y otra aún más osada, que procede de ella: la de que el hombre produce criaturas femeninas más hermosas y mejores que la mujeres con las que puede sustituir  a éstas con ventaja para lo bueno y para lo malo, para el amor sublime y para la paliza mortal.» A partir de este punto siguen casi trescientas entretenidas páginas sobre el tema que a mí, como si se trataran de una buena pipada, me supieron a poco.

No es que me hiciera sentir mal, después de todo siempre que vuelvo a él ―a pesar de tener más de Coronel Pickering que de Profesor Higgins― suelo acabar tarareando aquello de: «Why can’t a woman be more like a man?», pero creo que este libro es el que más se aproxima a la idea de una lectura que procura un placer culposo. No tanto por el contenido en sí, sino por el contexto actual que ha convertido al machismo en un término no ya peyorativo, sino penalizado criminalmente. (Si alguien quiere divertirse descubriendo reveladoras contradicciones busque en el Diccionario de la Real Academia términos como macho, machismo, feminismo, femenino, masculino, masculinidad, etc.) Que uno pueda llegar a sentirse culpable de divertirse con un libro crítico con ciertos atributos del carácter propio, es una muestra del talante descorazonador de los tiempos que corren.

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1 Comment en 'Un libro que me procuró un placer culposo.'

  1.  
    9 September 2011 | 9:58 am
     

    Yo no digo nada. Bueno sí: que no se te olvide devolvérmelo. Gracias.

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