Anotaciones en una libreta roja (II)

Escrito el Monday, 20 September 2010

            Una mujer, sumida en la adversidad, creyó que cruzarme en su camino era obra de Dios. Yo dije que era simple casualidad, aunque lo más probable es que habláramos de lo mismo desde distintos puntos de vista. Lloró. Mi único consuelo era ayudarla en lo posible, algo que se da muy poco en mi trabajo. Todo parecía ir bien hasta que al final la cosa se torció. Ella se fue resignada y yo acabé irritándome pensando en que después de tantos años de trabajo aún no he aprendido a mantener las distancias; sigo empeñándome en inmiscuirme en asuntos que no me conciernen para aliviar en cuanto esté a mi alcance las miserias ajenas.

            Como me suele suceder en tales enfados sin solución acabé tarareando irónicamente aquella coplilla:

            «Búfalo no puede dormir, no puede dormir, no puede dormir,

Búfalo no puede dormir y al baile quiere ir».

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