El lado oscuro de la curiosidad radica en que la búsqueda de realidades extrañas lleva consigo el efecto de alejarnos de lo cotidiano, de lo próximo, incluso a veces de lo íntimo. Este perder el suelo bajo los pies suele causar desagradables sorpresas para las que uno, perdido el propio lastre, no tiene un agarradero firme en el cual sustentarse.
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Intuyo una reflexión en exceso negativa para ese lado oscuro de la curiosidad. Creo que siempre hay en ella un cierto beneficio que enriquece esa propia intimidad, siempre hay un aprendizaje aunque se trate de algo negativo ¿De qué modo, sino, ha evolucionado el hombre, a pesar de los pesares?
No obstante ya se dice con sana sabiduría que nunca los extremos y los excesos son buenos. Todo ha de tener su tiempo limitado, si no queremos caer alienados sobre la cabalgadura de don Quijote.
Dice usted verdades con gran coherencia en sus reflexiones. Otra cosa es que haga caso de las conclusiones avistadas y las utilice para beneficio propio. Espero que así sea. Saludos de un admirado lector.
Estimado Anonymous:
Antes que nada decirle que no considero que mi nota sea negativa, más que nada porque el optimismo no está reñido con la gravedad. Cuanto quería explicar en esta nota es que en ocasiones, en este caso hablaba de la curiosidad aunque podría ser aplicable a otro concepto, puede cegar a una persona hasta el punto de hacerle perder la perspectiva, de tal manera que cuando la realidad ocupa de nuevo su lugar en la existencia, puede no hacerlo de una manera sosegada con las lógicas consecuencias. La otra opción, advertida por usted al hablar de Don Quijote, es la de seguir alienado.
Espero que siga disfrutando usted de este espacio y admirándose de sus textos.
Estimado Alberto.
Había entendido correctamente su anotación, de ahí que le hablara de su sabiduría reflejada en sus conclusiones y me preguntase o le llamase a la reflexión en cuanto a obtener beneficio de ellas. No basta con ser sabio, también se ha de ser práctico. Espero que usted lo sea o sepa poner remedio más a tiempo de como lo hizo aquel hidalgo caballero. Porque le contaré un refrán, pero no bien acabado al uso de aquel buen hacedor que fue Sancho Panza, sino con un estilo más actual y simpático y es que: Ojos que no ven, torta que te pegas.
No quiero liarle más con mis torpes explicaciones, tan solo rogarle que siga usted anotando y escribiendo ya que disfruto enormemente cada vez que lo hace.
Saludos cordiales.