Leyendo a Vila-Matas (IV)

Escrito el Tuesday, 30 September 2008


            Leo: «Me acordé de momentos inquietantes de algunos de mis viajes, me acordé de los crepúsculos en los que me he encontrado muy solo caminando por calles extrañas a mi vida, calles ajenas pero que al mismo tiempo potenciaban en mí la sospecha de que tenía un domicilio fijo desde hacía años en esa ciudad extranjera por la que caminaba.», y me viene a la memoria mi estancia en San Petersburgo. Ningún viaje ha estado cargado de anécdotas más siniestras que aquel y, no obstante, me dejé atrapar por ella. San Petersburgo es una ciudad en la cual no me importaría vivir. Hay ciudades, paisajes que uno siente que la ha sentido dentro de su ser mucho antes de pisarlas. Pero esto sirve también para el desencanto. Ninguna ciudad más decepcionante que París; de la cual, curiosamente, poseo un callejero anotado con letras: J; B; V-M… Cada una de ella encierra la particular geografía parisina de un escritor determinado, porque sólo así, a través del espejo de la literatura, puedo vivirla.

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