Mal cuerpo.

Escrito el Tuesday, 13 May 2008

El otro día escribía sobre una errata en La Vanguardia según la cual Aníbal Lecter pasaba a apellidarse Lector. Convertir, aunque sea por error, al lector en un caníbal es una imagen cuando menos curiosa aunque siempre haya estado ahí pues, no en vano, muchas veces hemos escuchado, tan variada como una ensalada, la expresión «devorar libros»

Sin embargo hoy me he tenido que enfrentar con la otra cara, aquella que hacen buenas las estadísticas según las cuales España es de los países europeos que menos lee, donde Andalucía está a la cola de España y como Cádiz es la provincia española con mayor número de parados.

Habrá una buena parte de este país que no lea porque no le da la real gana pero hoy me he topado de golpe y en pleno con una realidad mucho más cruda. Gente, cierto que mayor, que firma con una cruz, o de salida se niega a hacerlo para ocultar que no sabe escribir, o ese otro hombre, más joven que yo, cuya dirección era Miguel de Lives. Así que hoy he salido del trabajo arrastrando el espíritu, con dolor de estómago y recordando el artículo que el pasado sábado aparecía en el diario El País que copio aquí porque hay cosas que conviene no olvidar por mucho que duelan:

«No hace mucho, en un municipio orensano, hubo un debate vecinal y una votación para decidir el destino de una subvención de fondos europeos. El dilema era una biblioteca… o un tanatorio. Una variante del derecho a la autodeterminación. En realidad, la alternativa de la biblioteca surgió en el último momento, a propuesta de las dos muchachas más jóvenes del lugar. Entendían que si se optaba por una biblioteca, con su bibliotecaria y todo, no sólo se abría un espacio donde estar vivo, y vivir otras vidas, sino que también se emitía una señal hacia el futuro. ¿Cómo se va a morir un pueblo donde hay biblioteca y bibliotecaria? En la votación hubo una marmórea mayoría a favor del tanatorio. Digan lo que digan, la gente siempre defiende sus intereses hasta el último aliento. El otro día, en Santiago, me acordé de las dos muchachas disidentes. Pasaba una manifestación de coches de pompas fúnebres. Los empresarios del ramo protestan contra la realización de determinadas autopsias en los tanatorios. Los 100 vehículos formaban una próspera y escalofriante caravana. Eso sí que era una performance y no las de la Tate Modern.

Acongojado, entré en una librería, atendida, cómo no, por una librera. Había un tablón de anuncios con mensajes manuscritos. El primero que leí: “Su instinto les hace comprender que en un lugar donde no pueden vivir los libros no pueden vivir los hijos”. La librera me recomienda una novela titulada Una lectora poco común. Me la leo de un trago, en una cafetería, mientras pasa el todopoderoso gremio de los coches fúnebres. La lectora poco común es la reina de Inglaterra. Todos conspiran en la corte para frenar su súbita pasión literaria.

Y es lo que pasa. Los hombres se están matando con el vídeo-juego y las mujeres abren los libros como hacía Cárdea, la mejor de la mitología, la diosa de las bisagras, las cerraduras y los quicios.»

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1 Comment en 'Mal cuerpo.'

  1.  
    Durrell
    14 May 2008 | 10:46 am
     

    Ahora, sí. Creo que visitaré al oculista :)

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