Sueños febriles.

Escrito el Saturday, 19 January 2008

Si me fuera dado elegir como irme de estos pagos, sin lugar a dudas optaría por un ataque febril, más que nada porque mi propio cuerpo suele reportarme con los delirios un bálsamo contra el dolor. De ellos hay tres cosas que me llaman la atención. Su sentido del humor, más bien negro, que no logro saber de dónde sale; un erotismo, que imagino ligado a la calentura y, por último, su recurrencia cíclica, lo cual me permite recordarlos con mayor nitidez una vez recuperado.

Estos días atrás caí postrado en cama por uno de estos ataques. Lo que soñé fue que estaba invitado a un funeral en un palacete. Un lacayo vestido de verde me había franqueado la entrada con una inclinación de cabeza tras comprobar mi invitación. El interior era una mezcla abigarrada de acogedora rudeza escocesa, barroco andaluz y esplendor austríaco, con detalles orientales; es decir, una de esas amalgamas cuyo orden lógico se pierde por completo cuando se ha regresado a la realidad. Otro detalle era que las chimeneas estaban encendidas y las ventanas y balcones estaban huecos y un frío brumoso que se mezclaba con el humo agitaba los visillos dejando al descubierto los marcos vacíos.

La gente deambulaba por las estancias en silencio pero con gesto risueño. Pero todos iban y venían a la cocina. Allí, en medio de la estancia, sobre una mesa frailuna cubierta con uno de esos manteles de cuadros rojos y blancos tan característicos de las ventas, estaba el féretro, uno de esos ataúdes rusos sin alharacas pero forrados de raso rojo. En derredor estaba servido el convite. Los invitados iban directamente a las mesas, comían algunos aperitivos, luego se servían unas copas y sólo entonces, de regreso, se detenían ante el cadáver, derramando sobre el mismo unas gotas salpicadas con los dedos. Ni que decir tiene que yo hacía lo propio y en cada ocasión siempre le decía lo mismo: «Sin el peluquín me habrían dejado más… no sé… natural.», e intentaba quitármelo pero la mujer que estaba al otro lado del féretro me lo impedía cogiendo mi muñeca entre sus manos. Entonces yo la miraba y me daba cuenta que la mujer, vestía un modelo de Dior -cuya fotografía me había descargado unos días antes porque su traje me recordaba a una corona fúnebre-,

Dior.JPG

sólo que ella tenía, a pesar de eso, un cierto aire de bacante capaz de aniquilar mi voluntad, así que me dejaba llevar de esa mano por las estancias, besándonos, hasta llegar a un salón donde, en un sofá estaba sentada otra mujer.

Dior2.jpg

Como una sirena su hombro luminoso me atraía hacia ella olvidándome de todo lo demás, lo que suponía que la primera mujer se desvanecía en la nada. Entonces depositando su mano enguantada sobre mi antebrazo regresábamos a la cocina, sólo que ella se quedaba fuera esperando que la trajera una copa de vino, y yo me alejaba tratando de recordar en vano dónde la había visto antes, porqué me resultaba tan familiares sus gestos y maldiciéndome de no haberla destocado la pamela, pues presentía que cuando viera su cabeza descubierta me sería revelado porqué estaba allí sin estar. Así, ensimismado en mi torpeza, masticaba un montadito, me servía una copa y todo volvía a empezar.

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3 Comments en 'Sueños febriles.'

  1.  
    19 January 2008 | 11:21 pm
     

    soy el autor de la pell del mur.
    tengo un blog donde hay un enlace con el tuyo
    no tengo experiencia en esto y no conozco como contactar de otra forma

  2.  
    22 January 2008 | 2:14 pm
     

    ¡Qué fotos! Me sorprende que cada vez más, la mujer sea menos “femenina” o que involucione al primitivismo estético. Veo las fotos de nuestras madres y abuelas, tan coquetas y exquisitas, y al devolver la vista al día de hoy solo veo jóvenes desaliñadas, con ropas que poco favorecen las curvas que nos ha dado la naturaleza. Esos vestidos de los 40’s, 50’s y 60’s. Los 60’s con sus dos etapas bien definidas: la tipo Audrey Hepburn y la otra tipo Mary Quant con sus mini faldas y estampados imposibles. Pero llegaron los 70’s y la mujer fue ha sido más objeto que nunca desde entonces. Desde luego ir vestida al estilo de Dior y salir a la calle es toda provocación hoy en día, incluso ser motivo de mofa… Y no me enrollo más.

    Respecto a su texto, usted ya sabe, que solo reafirma mi opinión de que usted escribe “raro”. Pero es cierto que este post me ha devuelto una nostalgia a escribir un blog y olvidar del todo aventuras de envergadura que casi he abandonado por falta de motivación.

  3.  
    2 March 2014 | 3:31 pm
     

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