Un viaje a Barcelona (IX) La soledad del cuarto del hotel.

Escrito el Sunday, 26 November 2006

            Sonrío y agito mi mano en señal de despedida. El auto arranca, se aleja, tuerce en una bocacalle y desaparece. Así, sin más, me encuentro solo en medio de una Avinguda Roma transitada por unos pocos vehículos que pasan veloces mientras las aceras aparecen desiertas. Es casi medianoche, el cielo amenaza lluvia y me sobrecoge un escalofrío. Pero no se trata de una simple reacción ante unos elementos adversos que me han pillado desprevenido, sino de algo más íntimo y que se aproxima más a la melancolía. Me da por pensar que algo parecido debió sentir Adán cuando, una vez libre de la presencia opresiva de ángeles de espadas flamígeras y de dioses iracundos, pudo comprender las dimensiones de su naufragio al ser desterrado del edén. Salvo que a diferencia de Adán, un servidor está solo. A mi particular Eva todavía le faltan algunos minutos para que concluya su jornada laboral y me llame para rendirle cuentas. Son más de los necesarios para salvar la distancia que me separa de la blancura fosforescente que, al fondo a la derecha, haciendo las veces de fanal, señala el seguro puerto del hotel. El resto tendría que consumirlos dentro de aquel  aposento, tentador si, pero en el cual me siento a disgusto; no por mi elección sino porque después de pasar estos últimos años compartiendo las habitaciones de los hoteles en grata compañía, volver a la individualidad de hogaño me incomoda. Es la ausencia de esa compañía la que me contraría hasta lograr que me resulte opresiva.
            «A pesar de este diálogo solitario ―escucho a mi propia voz prevenirme mientras aguardo en un cruce a que el semáforo se ponga en verde― algo se ha roto en ti, y no es tanto un quebranto como la eclosión de una criatura que ha salido por fin de su cascarón, sin vuelta atrás».
«Sin olvidar que a ciertas edades dejar de ser un capullo puede resultar funesto».
Que un sujeto compare sus corpulentas doscientas libras de peso con una grácil mariposa puede parecer ridículo pero es peor que eso, se trata de un peligro cierto. En ese mismo instante se está enfrentando al desplazamiento de su centro de gravedad hacia un punto que queda fuera de si mismo. Es un suceso que siempre ha temido pues sabe que cuando eso sucede el naufragio es inevitable. Bajo esa luz el amor aparece como un desesperado intento por salvar al navío del desastre. Pero ¡No! Confunde los términos.
«O sigues el camino de la crisálida de miembros entumecidos o sigues la derrota del barco, pero no pueden ser las dos cosas a la vez. Deberías olvidar por una vez la literatura, la realidad siempre aparece distorsionada si se observa a través de su prisma»
Comienza a llover cuando suena el teléfono: Lo único cierto es que los sueños y los terrores tienen voz de mujer. Pero eso es algo que ya sabía Odiseo.

1 Comment en 'Un viaje a Barcelona (IX) La soledad del cuarto del hotel.'

  1.  
    ficticia
    4 December 2006 | 12:47 pm
     

    Lunes, 4 de diciembre, 20.00 horas. Salón de Actos de Caja Guadalajara

    Club Siglo Futuro Presentación del libro de Mª del Carmen Carcía, “Fotos de un adiós”

    http://www.ficticia.net/andrea/andrea.html

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