Leyendo a Vila-Matas (XII)

Escrito el Miércoles, 8 Octubre 2008


Hacia mediados de noviembre del 2006 Enrique Vila-Matas se encamina hacia el café Kubista, el más acogedor de los cafés que conoce en Praga. Afirmar que en este viaje está el germen de lo que acabará siendo «Exploradores del abismo» es presunción de quien esto escribe, porque él no lo dice, o acaso sí, cuando leyendo los diarios de Kafka encuentra una anotación en la cual ve el germen de «La metamorfosis». Por esas mismas fechas Claudio Magris presenta en Barcelona su libro «A ciegas». Antes o después de la presentación se habrá llegado hasta Port-Bou ―viaje en el que perderá su gorra favorita― para recorrer los paisajes que formaron parte de los últimos días de Walter Benjamín cuyo volumen «Pasajes» lleva desgranando desde hace meses un oscuro funcionario afincado en una ciudad dorada, ajeno por completo a las casualidades que están tejiendo a cientos de kilómetros de distancia, en dos de las ciudades que él más quiere, uno de los nudos de la telaraña de su existencia.

Este punto y aparte encierra un tiempo dedicado a hojear los tres volúmenes citados; a recordar el estremecimiento de sus primeras lecturas. El pesimismo de un Magris fascinante que no naufraga porque se aferra a la tabla de salvación del amor. La sensación de tener a un huidizo Vila-Matas siguiendo mis pasos, esta vez por aquel Granollers que un día recorriera en fiestas antes y después de visitar la exposición de Francesc Abad: «F. A. Block W. B.». Una visita ideal: con toda la exposición para mí solo, sin nadie, ni tan siquiera un ujier o un vigilante que me importunara con su presencia, completamente solo.

Ahora sé algo más de cómo se gestó en aquel mes de noviembre una de las tormentas que me agitaría durante los meses siguientes.

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Alberto Vallejo @ 7:39 pm
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